Conversaciones con Mr. Cool. Quinta parte: Ciclo perpetuo y productos

Por Mapache Green / mapachegreenthc@gmail.com

Nota del editor: Este es el quinto y último artículo de la serie especial, que resume la historia de Mr. Cool: Cultivador y manufacturero clandestino de productos de cannabis medicinal.

Fracasos, prosperidad, narcotráfico, jangueo y mucha marihuana resumían la vida de Mr. Cool del año 1998 al 2013. A eso podemos sumarle la regla general de su operación: el movimiento.

Nuevamente, Mr. Cool se mudaba y abandonaba el Este para regresar a su lugar de origen en el área metro. Sin perder tiempo, monta un pequeño cultivo de seis luces en su residencia personal, junto a su familia. De esa operación personal sólo sacó tres cosechas en un periodo de ocho meses, porque empleados de la Autoridad de Energía Eléctrica fueron a su casa y le cambiaron el contador.

“Ese mismo día tuve que tumbarlo todo”, afirmó.

¿A tu compañera no le molestaba tener un cultivo ilegal en la casa?

“Ella siempre ha estado acostumbrada. Acepta mi línea de trabajo. Eso es lo que nosotros hacemos. Eso es un cuarto. Está ahí metido. No da problemas”, contestó sin ambages.

Pero, como de costumbre, tenía una segunda casa de cultivo clandestino junto a Mr. Inversionista. Los socios montaron 14 luces para cultivar nuevamente. Pero la operación no fructificaba como ellos deseaban. Y la casa no duraría mucho tiempo.

Varios factores influyeron en el cierre de esta casa en la metro: Mr. Cool ya no contaba con la fuente de ingreso adicional del cultivo de su residencia personal; no frenaba su carísimo estilo de vida; la libra de cannabis medicinal había bajado a $4,000 y había perdido mucho dinero por otros negocios clandestinos.

Regresaban las vacas flacas… Tuvo que vender todo lo que tenía y pedir dinero prestado para recuperarse. A pesar de que los números no estaban dónde Mr. Cool quería, la casa metro generaba una ganancia bruta de $32,000 bimensuales. Y a ese trote trabajaron durante los años 2014-2015.

Como de costumbre, contaban con una persona con contactos especiales para desaparecer las libras de marihuana y convertirlas en cash:

“El trabajo lo movía ‘Terminator 2’, otra máquina de vender cripy… Pero era tan poquito que esos chavitos no me daban para todas las deudas”, abundó, quien tenía varios carros, varias rentas de alquiler, facturas de luz altísimas, más un apetito voraz para el jangueo, los restaurantes y la ropa y accesorios de marca.

Por su parte, Mr. Inversionista regresó a los estados… Y Mr. Cool se conectó nuevamente con Mr. White para trabajar un pequeño proyecto de cultivo, como transición a lo que sería su casa actual.

La casa actual

Finalmente, Mr. Cool se establece en la casa actual, en una zona rural. Con la experiencia de casi 20 años de contrabando y cultivo de cannabis, entra en una nueva fase en la que, además de cultivar, manufactura pomadas de cannabis, comestibles, vaporizadores, extracciones de aceite de cannabis para tratar el cáncer y otros.

En esta casa trabajan actualmente Mr. Cool, Mr. White y Mr. Marley, nuevo miembro del equipo de cultivo, pero que durante años trabajó en otras necesidades indirectas del negocio, como el mantenimiento general de las casas.

“Empecé haciendo las paletas y las pomadas. Compré una pomada de cannabis para un cliente. Y el distribuidor se desapareció. Entonces empecé a hacerlas yo mismo”, recordó.

La operación de cultivo tomó un nuevo giro cuando establecen el ciclo de cosecha perpetua, en el que todos los meses cosechan entre 10 y 12 libras de cannabis medicinal de alta calidad.

Con este nuevo método, Mr. Cool tiene a su disposición todos los meses entre 10 y 12 libras de flor de cannabis para generar un promedio de ventas mensuales de $44,000.

Con los trimmings (hojas y pedazos de flores que sobran de la planta cuando la cosechan), Mr. Cool hace una extracción del aceite de cannabis y con eso fabrica los diversos productos ya mencionados.

El panorama económico de Mr. Cool actualmente se perfila muy bien con unos $4,000 mensuales por concepto de ventas de paletas y pomadas; alrededor de $8,500 por ventas de aceite de coco con infusión de cannabis; unos $8,400 por ventas de vaporizadores y unos $12,500 por venta de flores de cannabis. Esto representa $33,400 mensuales.

“Es un promedio porque el dinero sube y baja. A veces es más, a veces menos, pero siempre hay un cash flow”, precisó.

¿Y cuánto tiempo crees que estarán en la casa actual?

“Bastante. La casa está bien remota. Tenemos una persona que vive en la zona a una distancia que puede ver con binoculares y avisarnos si hay algo fuera de lo normal, patrullas, carros extraños, gente…”, manifestó.

¿Confrontas algún cargo de conciencia por esta línea de trabajo?

“Venir de un trabajo de un cheque semanal y romper con ese esquema no es fácil. Y llegar a la mentalidad de encargarte de pagar tus deudas con esto tampoco… Yo me encargo. Ese ‘crossroad’ afecta un poco la mente… la preocupación. Pero ya yo no me acuerdo de eso. Ya no me preocupo. Ya me di cuenta que no es la moral que tú piensas que estás haciendo algo ilegal. Todo se resume a lo mismo: dinero. ¿Quién quiere estar en una oficina? ¿En un sitio atendiendo gente? Loco no… Habla claro: tú quieres dinero… Realmente yo soy quien soy. That’s it”, finalizó.

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