Conversaciones con Mr. Cool. Primera parte: Antes de sembrar

Por Mapache Green / mapachegreenthc@gmail.com

Nota del editor: Este es el primero de una serie de cinco artículos, sobre la historia de Mr. Cool: Cultivador y manufacturero clandestino de productos de cannabis medicinal.

Todo comenzó en noveno grado. Guardaba las bolsas de pasto en una grabadora vieja y las vendía en una reconocida escuela del área metropolitana.

“Desde chamaco (el narcotráfico) ha estado todo el tiempo alrededor mío. Yo siempre andaba por la calle y conocía mucha gente, desde los 14 y 15 años… Yo siempre me pasaba con la gente mayor y aprendí la manera en que ellos hacen las cosas”, recordó Mr. Cool, pseudónimo para proteger su identidad.

Mr. Cool lleva 10 años cultivando y vendiendo marihuana de alta calidad ilegalmente en Puerto Rico. Y es conocido por manufacturar: pomadas, tratamientos para el cáncer con aceite Rick Simpson, comestibles de cannabis, infusiones con cannabis, vaporizadores y variadas flores.

Para contar su historia, eligió reunirse con Moña en la trastienda de una barbería, donde encendimos un blunt de su reciente y exquisita cosecha de Tangilope.

“A los 16 años me fui de casa. Y la gente con quien me encontraba siempre estaban en algo (de narcotráfico). Yo era como el cerebro. Llegaba a un lugar y me ponía a pensar cómo podíamos montarla allí (la venta de marihuana)”, explicó Mr. Cool, quien nos contó cómo vivió a tan temprana edad sin sus padres, pero prefirió que no se publicara esta parte de su historia para evitar ser identificado.

“Quiero dejar claro que no fue que mis papás era unos irresponsables. Ellos siempre estaban pendientes de mí. La realidad es que yo era una jodienda, era incontrolable. Yo tenía mi manera de pensar y eso no había quien me lo cambiara. Nadie.”, afirmó.

El caso es que a los 16 años su espíritu era rebelde, chocando siempre contra la autoridad. Y ya en noveno grado pensaba en cultivar marihuana pues un amigo de la escuela lo había expuesto al famoso “cripi” (flor de cannabis sin semilla), ya que su primo lo cultivaba en el oeste de la Isla. Para el año 1996 en Puerto Rico el “cripi” todavía era una novedad y la onza subía a sobre $500.

“Cripi” es el nombre callejero del cannabis medicinal: flor de la más alta calidad.

“Recuerdo mi graduación de noveno grado… yo pensando que ya mismo iba para la universidad y me tenía que conseguir un trabajo porque estaba poniéndome viejo. Y me vino el pensamiento de que no me tenía que preocupar por el dinero porque el primo del amigo mío nos iba a poner una casa (una casa preparada para cultivar cannabis ilegalmente). Y a esa edad ya estaba calculando todo el dinero que podía sacar”, rememoró Mr. Cool, sobre sus precoces ideas.

Sin embargo, eso nunca pasó. Y, antes de comenzar a sembrar cannabis por su cuenta, pasó del 1998 al 2007 vendiendo marihuana mexicana de contrabando al detal, conocida en la calle como “regular”.

Empezó comprando las libras de marihuana de segunda mano y luego un conocido (notorio en el narcotráfico, debido a sus conexiones) le presentó a un distribuidor de marihuana, que hacía negocio en los 90 en el área de Puerta de Tierra.

“Allí yo llegué y habían más de 200 libras. Me dijeron coge la que tú quieras. La cogí y ese fue el ‘game changer’. Porque era la calidad que quería, al precio que quería. Yo compraba primero la libra entre $1,000 a $1,200 y ahora estaba comprándola a $700… Pasé a vender más de 6,000 bolsitas de $6 semanales”, dijo.

Pero esto no lo hizo solo. La clientela crecía y decidió incluir un socio. Un viejo amigo entró al juego y así Mr. Cool estableció puntos de venta de marihuana en la UPR de Río Piedras, UPR de Carolina, UPR de Cayey, la Universidad Interamericana, la Universidad del Sagrado Corazón, en el área de Cupey, en el pueblo de Arroyo, en el pueblo de Rincón y en el pueblo de Río Piedras, en un proceso que duró entre los años 2003 al 2007.

“Ahí hice la marca ‘Playboy’. Mandé a hacer los stickers. Preparamos las bolsas para sellarlas. Y teníamos un sistema de trabajo. Limpiábamos las libras (eliminaban las ramas y tallos y dejaban solamente la flor) y pesábamos cuántos gramos dio la libra. Cada bolsa de $6 se pesaba a un gramo. Y se le pegaba el sticker de Playboy. Yo tenía puntos sin ubicación. Eran donde estuviese yo o mis empleados”, explicó calmado.

En una primera fase, Mr. Cool entregaba las libras limpias y pesadas a los responsables de las ventas en cada punto y le paga 25 centavos por cada bolsa de $6 que empacaban. Por cada bolsa vendida, $5 iban a Mr. Cool y $1 al vendedor, más los 25 centavos que recibía por empacarla.

Eventualmente las ventas aumentaron y el sistema pasó a una segunda fase, en la que Mr. Cool cedió el control de los puntos a los vendedores de cada área y él fungió como suplidor al por mayor.

Los puntos que él mismo estableció se convirtieron entonces en clientes que le compraban las libras al por mayor. Los precios del suplidor incluso bajaron de $700 a $500. Y cada libra de marihuana dejaba una ganancia bruta de $2,000. Para entonces él estaba moviendo unas 30 libras mensuales.

“El sistema lo que hizo fue que ya no se trataba de lo que yo le sacara de dinero por cada libra. Ahora, la clave era el volumen. La rapidez con la que se movía. Y a la vez yo estaba comprando mucho al distribuidor y me estaban dando mejor precio”, abundó.

Pero no quedó ahí el negocio clandestino. En busca de mejores precios y mayor ganancia, Mr. Cool dio con una conexión directa con un cartel mexicano, que le contaremos mañana en la continuación de esta serie especial de Moña.com

Pincha aquí y lee la segunda parte de Conversaciones con Mr. Cool: El Cartel Mexicano.

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